Almagro, el enterrador de la OEA


Por Patricio Montesinos

La soberbia del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y su accionar desesperado contra Venezuela y otras naciones de la Patria Grande, lo llevarán a convertirse en el enterrador de esa entidad, históricamente al servicio de Washington.

El golpe de Estado institucional protagonizado este lunes contra Bolivia y Haití, países que asumieron la presidencia y vicepresidencia de turno del Consejo Permanente de la OEA, respectivamente, violó todas las normas y reglamentos del bautizado “ministerio de las colonias” estadounidense.

Almagro, con la complicidad de representantes de gobiernos derechistas latinoamericanos, convocó, sin en el consentimiento de Bolivia y Haití, a una reunión de esa organización con en el único propósito de condenar a Venezuela.

El uruguayo actual jefe de la OEA tiene manía con la Revolución Bolivariana, a la que insiste en cercar de cualquier manera por mandato bien remunerado de la Casa Blanca, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

La más reciente actuación de Almagro no tiene precedentes en la bien conocida triste historia de la organización que ahora él preside, y que financia y mangonea desde su fundación Estados Unidos.

Lejos de conseguir su objetivo de ilegitimar la democracia en Venezuela y así allanar el terreno para una eventual intervención extranjera en la Patria de Hugo Chávez, el cabecilla del “ministerio de las colonias” de Washington terminará por enterrarlo definitivamente.

La credibilidad de la OEA siempre ha estado en tela de juicio porque no ha representado los verdaderos intereses de los pueblos de Nuestra América, sino todo lo contrario, los propósitos hegemónicos imperiales norteamericanos en nuestra región.

Y es precisamente eso lo que hace hoy su secretario general sin en el menor escrúpulo, con total impunidad y violando todas leyes que rigen las relaciones internacionales.

La conducta de Almagro, sin respeto alguno por los gobiernos legítimos de la Patria Grande, es muy similar a la otrora época de las colonias, cuando las metrópolis nombraban un “capitán general” extranjero para imponer por la fuerza su dominio en los países de esta región.

En su afán injerencista, el susodicho personaje uruguayo parece olvidar que vivimos en otros tiempos y que la América Latina y el Caribe decidieron independizarse de una vez por todas y dejar de ser el traspatio de Estados Unidos.

Pero además, en la actualidad existen otras entidades regionales integradoras, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en el seno de las cuales las naciones pueden debatir, dialogar y resolver en paz sus discrepancias, sin la imposición de Washington.
La CELAC, UNASUR y el ALBA están llamadas a reemplazar a la OEA, que agoniza desde hace mucho tiempo pese a que intentan revivirla con “oxigeno imperial”, y equivocadamente con quien será su sepulturero.

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