Cuba: Miguel Díaz-Canel en los pasos de Fidel


Por Agustín Palermo

Desde que Miguel Díaz-Canel asumió la presidencia de Cuba, no es poco lo que se ha escrito acerca de su estilo de trabajo al frente de la Revolución. Ha sorprendido a propios y extraños; a quienes creían que se convertiría en un burócrata de izquierda y a los que creían que llegaba recién a aprender cómo se hace revolución.

Cuando Raúl Castro anunció con muchos años de anticipación que en 2018 dejaría la presidencia y se realizarían nuevas elecciones, los enemigos de la Revolución dijeron que mentía, porque lo que él buscaba era eternizarse en el poder. Conforme fue acercándose la fecha prevista y todo indicaba que Cuba tendría un nuevo presidente, algunos “astrólogos” como Calos Alberto Montaner y apocalípticos como Andrés Oppenheimer, que viven llenándose los bolsillos de dólares por calumniar a Cuba, diciendo que no hay democracia, se violan derechos humanos y no hay elecciones, empezaron a escribir que el próximo presidente sería, uno de los hijos de Raúl.

Los publicistas, acostumbrados a los circos electorales de las democracias occidentales, no acertaron ninguna. Esta vez los grandes medios que en toda la historia de la Revolución Cubana invisibilizaron las elecciones de Fidel y Raúl Castro, se hicieron eco de la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez; como no se apellidaba Castro, entonces los adivinos y profetas, quisieron creer que se trataba del Mijaíl Gorbachov cubano (tipo este reaccionario al servicio del imperio norteamericano en la ex URSS), pero otra vez se equivocaron.

Cuba es un Estado de Derecho y tiene su propio sistema político; no es una democracia aparente como la de los Estados Unidos. Los enemigos de Cuba, no entienden que la Revolución no hace las cosas para congraciarse con el resto de naciones o para demostrarle algo a alguien. Cuba es un país, libre, independiente y soberano, que hace las cosas para el bien de su pueblo; ahí la democracia no se encapsula al poder del dinero; no se improvisa nada; todo está planificado; ahí jamás habrá ninguna perestroika ni glasnost.

Hoy vemos a Miguel Diaz-Canel dando la talla con creces al frente de la Revolución: visitando las distintas provincias del país, compartiendo (hablando, escuchando) con el pueblo, en reuniones de planificación, visitando los centro de trabajo, exigiendo informes y cuentas, pidiéndoles a los ministros que informen constantemente al pueblo, desafiando a los dirigentes a familiarizarse con las tecnologías como armas de la revolución, pidiéndole a la prensa que jueguen un rol más revolucionario etc. Es un presidente joven, lleno de energía y capacidades al servicio de la Revolución.

En 2006 Ignacio Ramonet le preguntó a Fidel: “¿Usted cree que el relevo se puede pasar sin problema ya?”, Fidel le respondió: “De inmediato no habría ningún tipo de problema; y después tampoco. Porque la Revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo a un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La Revolución se basa en principios. Y las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo.”

Quienes soñaban en Miami con el Gorbachov cubano, tienen en Miguel Díaz-Canel a su pesadilla. Mientras tanto en la isla, el pueblo lo acuerpa, lo recibe, lo apoya y ven en él a un hijo de Fidel. También imaginamos a Raúl, contemplando feliz, la obra que viene haciendo su sustituto, sin apartarse del derrotero marcado por Fidel.

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