La Guerra No Convencional regresa a Nicaragua, treinta años después


Las protestas empezaron el 18 de abril pasado. Un día más tarde aparecieron las manifestaciones violentas, saqueo de comercios, asaltos. Violencia, muertos, heridos -todo a la vez- en varias ciudades del país.

La prensa reaccionaria, de dentro y de fuera de Nicaragua, cumplió con eficacia su misión: el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) estaba “reprimiendo a manifestantes pacíficos”, violando la libertad de reunión y de expresión de sus ciudadanos. Una y otra vez los derechos humanos como pretexto para la injerencia en los asuntos internos de un país.

Las redes sociales jugaron y juegan su papel como herramienta de movilización y desinformación, en favor de intereses oscuros, que poco tienen que ver con la inquietud del pueblo nicaragüense, en torno a un decreto presidencial para reformar el seguro social.

EE.UU. no tardó en reaccionar. Voceros y funcionarios ya juzgaron al FSLN y prevén analizar el “tema Nicaragua” en foros regionales, como la Organización de Estados Americanos (OEA), para condenar a las autoridades del país por los sucesos en pleno desarrollo, como diría el reportero Walter Martínez. Los aliados estadounidenses de siempre se apresuraron a secundarlo en esta empresa.

Hasta aquí las noticias. Si no hubiésemos mencionado la palabra Nicaragua, el lector podría haber pensado en Venezuela. No estaría equivocado. También podría haber asociado dichos sucesos con Irán, Libia, Ucrania, que han vivido o viven experiencias similares.

La razón, simple. Esas naciones igualmente han sido víctimas de métodos similares, de la aplicación de una campaña de Guerra No Convencional, cuyo fin es la desestabilización, coacción o derrocamiento de un gobierno que no responda a los intereses de EE.UU. Así lo recoge la publicación de Técnicas del Ejército norteamericano ATP 3-05.1 Guerra No Convencional, disponible para todos los que quieren aprender o profundizar en el tema, tan necesario hoy .

Sin embargo, hablamos de Nicaragua. En esa nación, el pretexto, o Ia chispa que según la doctrina militar estadounidense se necesita en una campaña de Guerra No Convencional, fue el ya referido decreto presidencial, aunque pocos se acuerdan de ello. Ahora dejan ver sus verdaderos objetivos: la convocatoria a elecciones presidenciales anticipadas (previstas en 2021) o la renuncia del presidente Daniel Ortega. Quieren el fin del sandinismo como alternativa social a la neoliberalización.

¿Por qué Nicaragua? Puede haber varias razones, como el proyecto de construcción de un canal interoceánico, para el que no se consultó, ni se prevé contar con la “ayuda” estadounidense. Peor aún, China podría jugar un papel decisivo en ese megaproyecto. Las estrechas relaciones del gobierno nicaragüense con Cuba, Venezuela, Rusia y China y su posición internacional de rechazo a los intentos hegemónicos de EE.UU., califican también como razones de peso.

Ello pudo incidir en que Donald Trump haya dado luz verde para escalar en el proceso de desestabilización y agilización de una campaña de Guerra No Convencional contra el hermano país.

Sin embargo, este tipo de contienda, promovida desde EE.UU., no es ajena al FSLN. En la década de los años 80 del siglo pasado, bajo el pretexto de un “gobierno comunista” a cientos de millas de la frontera estadounidense, la administración de Ronald Reagan promovió, equipó y entrenó a los Ilamados “contras”. Su campaña de terror y desestabilización en la tierra de Sandino propició en gran medida la salida del poder del FSLN en 1990.

Aunque igual de peligrosos, hoy los métodos son quizás más sutiles.

Puede que no haga falta una guerrilla al estilo de los “contras”; una insurgencia urbana, en la que no deben faltar jóvenes tengan o no que ver con las demandas que originan las protestas; una campaña mediática y de subversión bien orquestada; un pretexto que dé paso a los verdaderos fines de Ia campaña desestabilizadora y el resuelto apoyo estadounidense, en todos los órdenes, pueden desencadenar un proceso que obligue a claudicar a un gobierno, en particular si este no identifica, desenmascara y neutraliza desde el principio lo que se gesta en su contra.

En Nicaragua, a falta de la insurgencia “auténtica”, se ha apelado a pandillas locales, eficaces en saquear, robar y atemorizar a la población, vitales para vender una imagen internacional de caos en el país objeto de la campaña no convencional; jóvenes universitarios, fundamentalmente de centros de estudio con vínculos en suelo estadounidense, han formado parte de las protestas.

La prensa en general y las redes sociales han sido parte del esquema. La USAID, punta de lanza del Gobierno norteamericano y presente casi en cada rincón del planeta, no ha faltado al Ilamado desestabilizador. Unos treinta años más tarde, la Guerra No Convencional retorna a suelo nicaragüense.

Lo cierto es que somos testigos hoy de dos escenarios de Guerra No Convencional en América Latina: Venezuela y Nicaragua. Contra ellos, EE.UU. lidera la escalada, con el apoyo de Ia derecha de ambas naciones y el empleo de recursos de todo tipo.

Desde que llegó a la presidencia, Donald Trump ha sido un defensor del llamado “poder duro”; de ahí su consigna de lograr la paz mediante la fuerza, en contraposición al “smart power” o “poder inteligente” que preconizó Barack Obama, bajo cuya tutela “floreció” nuevamente la Guerra No Convencional.

Sin embargo, coincido con lo que me dijo un amigo hace unos días. Más allá de quien esté en la presidencia de EE.UU., la Guerra No Convencional es una herramienta del poderío político y militar de ese país, y la aplican allí, donde estén dadas las condiciones para que prospere.

Donde el enemigo descubra una brecha o la posibilidad de crearla, actuará. Por eso es que la unidad en torno a nuestro Partido y Gobierno constituye uno de los factores que no puede fallar para contrarrestar una contienda de esa naturaleza.

Referencia:
Disponible en www.cubadefensa.cu/?q=documentos-doctrinales-eeuu

Cubadefensa

 

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