La “ambivalente” conducta de EE.UU hacia Cuba


Por Patricio Montesinos

A pesar del inicio del proceso de normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y el incremento de los contactos entre ambos gobiernos y diversos sectores de sus respectivas sociedades, Washington conserva intacto el bloqueo contra su vecina antillana, e insiste además en aplicar programas de subversión destinados a erosionar la Revolución en la nación latinoamericana.

 

La  “determinación” de la Casa Blanca de “avanzar” en sus nexos con La Habana,  pero al mismo tiempo mantener vigente su propósito  de  desmoronar  el sólido proceso revolucionario en Cuba, demuestran  su  histórica y nada  difusa  conducta hacia la Isla.

 

Mientras hombres de negocios y alcaldes de diferentes Estados norteamericanos,  como el de Houston, Sylvester Turner, dicen estar  “ansiosos por construir una fuerte relación” con las autoridades cubanas, instituciones de Washington continúan persiguiendo a empresas  y  bancos en el mundo que desean  o tienen vínculos con el decano archipiélago caribeño.

 

La aplicación de multas millonarias y el acoso a tales entidades indican  que  el régimen  del  poderoso  imperio  del norte no ha variado su política de guerra económica, comercial y financiera contra  la mayor  de las Antillas, que se prolonga por casi ya 60 años, no obstante el rechazo unánime de la comunidad internacional.

 

Aparentemente, el saliente ocupante de la Casa Blanca Barack Obama  ha  tenido  temor en utilizar  los poderes presidenciales que posee para al menos amainar el bloqueo, pero lo real es que se ha  abstenido de hacerlo  porque el  cerco a Cuba  sigue  siendo  parte del  frustrado plan de destruir su Revolución, nacida el 1 de enero de 1959.

 

Ese plan incluye, en esta nueva fase no menos escabrosa de las relaciones  entre ambos países,  un programa de “becas de verano” para  jóvenes cubanos, promovido por  la supuesta Organización No Gubernamental (ONG) “World Learning” y dirigido a “formar líderes”, como similar hacen en diferentes naciones latinoamericanas.

 

Detrás de ese  proyecto ilegal está la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), un engendro de  la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con múltiples tentáculos,  que tiene el único fin de perturbar el orden en cualquier parte del mundo, y especialmente en la Patria Grande.

 

En el caso concreto de la nación caribeña, la CIA a través de la USAID  busca desesperadamente  crear “líderes de  opinión”  dentro de su territorio  que respondan a los intereses  del Pentágono,  y “sustituyan” a los “representantes” de una minúscula “oposición interna”, pero además desvencijada y desprestigiada.

 

Washington sigue equivocándose con Cuba porque el  proyecto injerencista de la “World Learning” ha recibido como respuesta el rechazo generalizado de los más jóvenes en la mayor de las Antillas.

 

Parafraseando  a José Martí, su Héroe Nacional,  los cubanos conocen muy bien “al monstruo y sus entrañas”. No por gusto han enfrentado  y  resistido  al  bloqueo,  a  las permanentes  agresiones y acciones terroristas, y a innumerables planes subversivos y campañas mediáticas difamatorias orquestadas desde Estados Unidos.

 

Erran también aquellos que piensen que Washington verdaderamente tenga intenciones de cambiar su política hacia la isla caribeña, más aun observando a  los  dos candidatos que  se disputarán la presidencia en las próximas elecciones  norteamericanas, y  el ultraconservadurismo  dominante en esa sociedad.  Ver para creer.

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