Dilma: Condenada por la derecha, pero absuelta por la Patria Grande


Por Patricio Montesinos

La presidenta legítima de Brasil, Dilma Rousseff, fue depuesta de su
cargo por el Senado, pero absuelta por la historia y los pueblos de la
Patria Grande, tras la espectacular defensa que protagonizó ante el
injusto juicio político que la derecha en su país le impuso para
consumar definitivamente otro golpe de Estado en el gigante
sudamericano.

Con 61 votos a favor de su destitución y 20 en contra, el
conservadurismo brasileño materializó este miércoles en esa cámara
legislativa el plan que orquestó con el respaldo y financiamiento de
Estados Unidos, dirigido a destronar a la mandataria Rousseff.

Una vez más la derecha latinoamericana demostró que solo socavando la
democracia, utilizando nuevas artimañas que no son otra cosa que
golpes de Estado reciclados, mintiendo a través de los “grandes”
medios de  comunicación y  usando la violencia es que pueden acceder
al poder.

En el juicio político escenificado en el Senado esta semana, la jefa
de Estado de esa gran nación de Nuestra América, no solo se defendió
ante las patrañas de sus adversarios, sino que se convirtió en
acusadora de los corruptos que la sentaron sin pruebas en el banquillo
de los calumniados.

Pero la derecha mafiosa brasileña no ha vencido, a pesar de conseguir
su objetivo, porque le dio la oportunidad a Rousseff de denunciar
ante el mundo el complot que organizaron para deponerla de su cargo
con la injerencia directa de Washington, al tiempo de dejar
esclarecido que no cometió delito alguno.

La Presidenta de Brasil, reelecta en 2014 con el voto de más de 54
millones de sus compatriotas, le reafirmó a los conspiradores que
nunca abdicará, ni se quedará callada, y mucho menos dejará de luchar
por la democracia, la soberanía, la verdadera justicia y la equidad en
su país.

Afirmó en su defensa, antes de la votación de los senadores, que la
democracia será condenada junto a ella, y es realmente lo que ha
ocurrido en el gigante sudamericano en las últimas horas.

La Patria Grande también sufrió una nueva herida con la consumación
del  golpe de Estado en Brasil, pero para nada han muerto  sus
sueños de  independencia, integración, paz y conquistas sociales.

Como  escuché decir a un analista,  Nuestra América y los gobiernos
progresistas de la región están en peligro ante la arremetida  que
lleva a cabo la derecha en los últimos tiempos con el aliento de
Estados Unidos, pero su insolente actuación la llevará en poco tiempo
al fracaso.

Los  pueblos desde  el  sur del Río Bravo  hasta la Patagonia sabrán
revertir  la embestida de quienes han confirmado que solo les importa
llegar al poder a cualquier precio, sin el menor respeto a la
democracia  y el voto popular,  y en beneficio de los intereses del
imperio estadounidense.

Toca a los gobiernos populares y decorosos de la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) condenar enérgicamente lo
ocurrido en Brasil, como lo han hecho ya los de Ecuador, Venezuela,
Cuba y Bolivia y Nicaragua, entre otros.

Solo con la unidad  podrá detenerse la ofensiva que Washington y sus
súbditos emprenden en la América Nuestra para hacerla otra vez su
patio trasero.

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