Derecha conspiradora pretende alterar la paz en Bolivia


Por Patricio Montesinos

Un muy contado episodio popular en Bolivia narra que los habitantes de
ese pacífico país andino cuando tienen diferencias entre si se
enfrentan hasta llegar a la mismísima cima de la montaña, pero allí
estrechan sus manos y evitan caer al abismo, o sea logran un acuerdo y
salvan sus vidas.

Sin embargo, el vil asesinato del viceministro del interior Rodolfo
Illanes, quien fue precisamente a dialogar con los mineros violentos
que lo mataron el pasado jueves, no se corresponde con esa reiterada
anécdota que un viejo colega periodista me hizo saber la primera vez
que visité La Paz, y que pude constatar es una realidad en esa nación
sudamericana.

Fui testigo en Bolivia de varios conflictos, alimentados desde fuera
de sus fronteras e incitados por la rancia oligarquía nacional,
entre diferentes sectores de la sociedad y el gobierno progresista
del presidente Evo Morales, y todos fueron resueltos por la vía del
dialogo, incluido uno con policías amotinados que encubría un
frustrado intento de golpe de Estado.

El asesinato de Illanes, tras ser golpeado y torturado por
cooperativistas mineros que reivindicaban en protestas se les permita
negociar directamente con empresas extranjeras privadas, algo fuera
de la ley, solo puede explicarse con el hecho de que detrás de esas
reclamaciones se esconda un nuevo complot.

En una conferencia de prensa, tras confirmarse el crimen del
viceministro del interior que consternó al pueblo boliviano, Evo
denunció que grupos de derecha, siempre financiados por Estados
Unidos, han usado a esos cooperativistas, a transportistas y hasta
discapacitados para subvertir el proceso revolucionario en su país.

El mandatario agregó que incluso algunos se disfrazan de mineros para
incitar el desorden y procurar desestabilizar a una nación, que
dicho sea de paso, ha sacado en los últimos años de la pobreza a más
de dos millones de sus habitantes y protegido sus vastos recursos
naturales de la expoliación de poderosas empresas foráneas.

Es bien sabido que el líder boliviano, antiimperialista de pura cepa,
no es santo de devoción de Washington ni de los partidos tradicionales
conservadores de su país y de América Latina, los cuales protagonizan
en la actualidad una embestida contra los gobiernos progresistas de la
región, orquestada y dirigida por Estados Unidos.

Evo, por su reconocido liderazgo y ejemplo en la Patria Grande y en
el mundo, es una ficha clave a destronar en la partida violenta que
juega el Imperio, dirigida a reconquistar su dominio en Nuestra
América.

Pero no crean sus enemigos que el plan norteamericano será fácil
de materializar en Bolivia, la cual su máximo dignatario ha
transformado en una nación que crece por encima de sus similares de
la región y dejó de ser la segunda más pobre de Latinoamérica y el
Caribe para figurar en las primeras de mayor desarrollo sostenible y
distribución de las riquezas entre sus poco más de 11 millones de
habitantes.

Evo es Pueblo, como le han bautizado sus compatriotas, es y será
un hueso duro de roer por sus convicciones profundas, su inteligencia
natural, su valentía, y su lealtad indiscutible a los suyos, a la
Pachamama (Madre Tierra) y a las causas justas de la Patria Grande.

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