El doble rasero y el irrespeto al mundo son inherentes a EEUU


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Por Rubén Abelenda*

Las administraciones de Estados Unidos, independientemente que sean demócratas o republicanas, no pueden separarse de su malquista política de doble rasero que aplican cotidianamente, en correspondencia, claro, con sus intereses hegemónicos y geopolíticos.

Esa vieja actitud arbitraria e irrespetuosa se ha hecho más aguda y visible en la medida en que Washington ha ido perdiendo su dominio internacional, y el mundo corre velozmente del unipolarismo al multipolarismo.

Son incontables los ejemplos que en las últimas décadas demuestran  la  doble o tripe moral de los regímenes norteamericanos, pero me voy a detener solo en dos acontecimientos recientes relacionados con Cuba y Siria, respectivamente.

Pese a que Estados Unidos decidió “cambiar” su fracasada postura agresiva hacia Cuba y ambos vecinos cercanos reanudaron sus nexos diplomáticos y sostienen conversaciones bilaterales, el gobierno del Norte mantiene todavía intacto el bloqueo impuesto a la mayor de las Antillas desde hace más de 50 años.

Pero igual, en lo referido al tema migratorio, Washington conserva  sin variación alguna la patibularia Ley de Ajuste cubano, aplicada a través de la llamada política de “pies mojados, pies secos”, que confiere solo a los habitantes de la Isla caribeña un tratamiento diferenciado y único en todo el mundo, al admitirlos de forma inmediata en territorio norteamericano.

Esa malévola Ley, una de las tantas formas utilizadas por sucesivos inquilinos de la Casa Blanca  para agredir al archipiélago antillano, estimula la salida ilegal de sus habitantes hacia Estados Unidos, utilizando incluso  a  terceros países, y generando situaciones delicadas como la escenificadas hace algunos días entre Costa Rica y Nicaragua con más de mil ciudadanos cubanos.

Tal fomentada incitación constituye una violación de los acuerdos suscritos entre Washington y La Habana, que asumieron la obligación de garantizar una emigración legal, segura y ordenada.

Sin embargo, la política de “pies mojados, pies secos”, está vigente y tiene a su vez otras intenciones, el robo de cerebros a Cuba, y  generar divergencias entre gobiernos latinoamericanos, en momentos en que en la Patria Grande prima un lenguaje en favor de la unidad y la integración.

Mientras todo ello ocurre, el Congreso norteamericano, el mismo que debe acabar con el bloqueo a Cuba y la mencionada Ley de Ajuste,  adoptó hace escasas horas un proyecto de legislación  que imposibilita la admisión en territorio norteamericano de 10 mil refugiados sirios, un compromiso que había hecho el presidente Barack Obama.

El dictamen, aprobado por 289 votos a favor y 137 en contra, no solo pone nuevamente en tela de juicio a Obama, sino que evidencia una vez más que a Washington le es imposible actuar limpiamente.

Estados Unidos y sus aliados europeos son los principales responsables  de la guerra sangrienta que vive Siria, gastan al mismo tiempo millones de dólares en supuestos bombardeos a posiciones del terrorista Estado Islámico (EI) en el país árabe sin  autorización de las autoridades de Damasco,  y  ponen peros o se niegan a  acoger  a los miles de refugiados inocentes que escapan de ese conflicto y llegan con vida al denominado Viejo Continente.

La aspirante a candidata presidencial por el Partido Demócrata Hillary Clinton, reconoció públicamente que el EI es una creación del Pentágono, mientras Obama habla varios idiomas: dice querer continuar “atacando” a los terroristas financiados por el Pentágono, pero señala que la confrontación  en Siria solo terminará cuando su mandatario, Bashar al-Asad, abandone el poder. El mismo cuento de Irak y Libia, convertidos actualmente en manicomios y cementerios.

Fue noticia por estos días también que un helicóptero de la fuerza aérea de Estados Unidos protegió a terroristas del EI cuando huían en estampida tras efectivas operaciones de la aviación rusa en Siria.

Realmente la conducta de Washington no es ya ni siquiera de doble rasero, es mucho más que eso; decir o hacer cualquier barbaridad sin el menor escrúpulo, y respeto por el mundo y las leyes internacionales.

*Tomado del blog Mi Isla Bonita

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